Si alguna vez soñaste con un lugar donde las ovejas superan en número a las personas, donde los acantilados parecen querer tocar el cielo y las cascadas se lanzan al mar sin pensárselo dos veces, entonces las Islas Feroe son tu destino ideal. Este archipiélago perdido en el Atlántico Norte, entre Islandia y Noruega, es un paraíso para los amantes de la naturaleza salvaje y los paisajes de postal.
Las Islas Feroe son ese tipo de lugar que te hace replantearte si realmente necesitas Wi-Fi o si podrías vivir felizmente rodeado de ovejas y fiordos. Aquí, el tiempo cambia más rápido que tu estado de ánimo un lunes por la mañana, pero cada rincón compensa con creces cualquier chaparrón inesperado. Durante nuestra estancia no vimos el sol prácticamente ningún día, ¡y eso que era verano!. Al menos la temperatura se mantuvo fija en unos “agradables” 14 °C, pero tuvimos suerte porque apenas nos llovió.
El senderismo es una de las mejores maneras de explorar las Islas Feroe. Las rutas varían desde caminatas cortas y fáciles hasta desafiantes travesías por montañas escarpadas. Algunas de las más populares incluyen el sendero de Kallur en Kalsoy y el recorrido alrededor de Slættaratindur. La geografía dramática de las islas, con sus acantilados y fiordos, ofrece paisajes espectaculares a cada paso.
¿Cuántos días en las Islas Feroe?
Para una primera toma de contacto con las Islas Feroe, te recomiendo un mínimo de 4 días. Con este tiempo, podrás explorar lo esencial: la encantadora capital Tórshavn, las impresionantes cascadas como Fossa y Múlafossur, y pueblos pintorescos como Saksun y Gjógv (mis dos favoritos).
Si dispones de más tiempo, digamos una semana o más, podrás adentrarte en las islas más remotas del sur, como Suðuroy, y realizar excursiones a lugares menos transitados pero igualmente fascinantes. Además, tendrás la oportunidad de disfrutar de rutas de senderismo más largas y de empaparte de la cultura local con mayor profundidad.
Dónde alojarse en las Islas Feroe: hoteles recomendados
Las opciones de alojamiento en las Islas Feroe han crecido en los últimos años, ofreciendo desde hoteles de lujo hasta acogedoras casas de huéspedes repartidas por todas las islas, hasta en las más remotas. Nosotros nos alojamos en el Hilton Garden Inn Faroe Islands, un moderno hotel de cuatro estrellas ubicado en la capital, Tórshavn, aunque ya te adelanto que no es la opción más económica, eso desde luego. Te recomiendo que reserves tu alojamiento con tiempo, porque los precios en general son bastante caros (como en Dinamarca).
En cualquier caso, plataformas como Airbnb y similares ofrecen una variedad de apartamentos y casas para alquilar, lo que puede ser una excelente opción si prefieres cocinar tus propias comidas o buscas una experiencia más local. Lo que sí te recomiendo es que busques un alojamiento en una de las dos islas principales, Streymoy o Eysturoy, ya que de este modo tendrás todo más a mano y los desplazamientos en coche serán bastante más cortos. Por cierto, alquilar un coche es prácticamente obligatorio si quieres llegar a los mejores lugares que las Islas Feroe pueden ofrecer.
Y ya por fin, sin más dilación, vamos con el listado de los lugares imprescindibles de las Islas Feroe. ¡Comenzamos!
Las 30 mejores cosas que ver y hacer en las Islas Feroe
1. Tórshavn, una capital pequeña y encantadora

Las hermosas casas rojas de Tinganes, en el corazón de Tórshavn.
Se dice que Tórshavn es una de las capitales más pequeñas del mundo, pero eso no le quita ni un ápice de su atractivo. Con calles adoquinadas, casas de madera pintadas de colores vivos y techos cubiertos de hierba, pasear por sus barrios antiguos, como Tinganes, es un verdadero viaje en el tiempo. Además, Tórshavn ofrece una relativa variedad de restaurantes, tiendas locales y cafés con encanto, donde puedes probar la cocina feroesa mientras disfrutas de las vistas al puerto.

Vista del puerto pesquero de Tórshavn, con los edificios del parlamento, al fondo.
El puerto de Tórshavn es uno de los lugares más vivos de la capital. Aquí, los barcos pesqueros y los yates se mezclan con las casas tradicionales de colores brillantes. Es un lugar perfecto para dar un paseo, observar cómo los locales van y vienen y disfrutar de un almuerzo en alguno de los restaurantes que ofrecen mariscos frescos. También puedes caminar hasta el cercano fuerte de Skansin, para relajarte y disfrutar de las hermosas vistas desde el faro.
2. La cascada de Fossa (Isla de Streymoy)

Vista panorámica de la cascada de Fossa desde la isla de Eysturoy, al otro lado del estrecho de Sundini.
Fossa es la cascada más alta de las Islas Feroe y uno de esos sitios que te hacen decir “wow” aunque no seas muy de naturaleza. Con más de 140 metros de altura, está dividida en dos niveles. Su impresionante caída de agua es un espectáculo natural que no te puedes perder. Por algo es una de las cascadas más famosas de las islas (si no la que más).

Posando a los pies de la cascada. Es muy fácil llegar hasta aquí, aunque ojito que las rocas resbalan.
La cascada de Fossa se encuentra en la isla de Streymoy, no muy lejos del pueblito de Haldarsvík. El acceso es fácil, aunque para verla de cerca tendrás que mojarte un poco los pies si quieres explorar los alrededores. Si eres de los valientes, puedes incluso trepar un poco y situarte entre los dos saltos, eso sí, con mucho cuidado porque el terreno suele estar resbaladizo. Y si prefieres contemplarla desde abajo, tampoco pasa nada: la vista es espectacular desde cualquier ángulo.
3. Saksun y su granja histórica (Isla de Streymoy)

La espectacular vista de la granja de Saksun y su paisaje. ¡De postal!
Saksun es uno de los lugares más pintorescos de las Islas Feroe. Esta pequeña aldea está rodeado de montañas y se asienta junto a una laguna que se conecta al mar cuando la marea baja. La granja histórica Dúvugarðar, que data de principios del siglo XIX, ofrece una singular visión de la vida tradicional feroesa. Hay que pagar por acceder, aunque en mi opinión no es necesario, ya que el paisaje de Saksun perfectamente vale la pena por sí mismo.

Una de las impresionantes cascadas que desembocan en la laguna de Pollurin.
La magia de Saksun está en su aislamiento. Llegar hasta aquí ya es un pequeño viaje por carreteras serpenteantes que atraviesan paisajes tan bonitos que te dan ganas de parar cada cinco minutos. Pero cuando por fin asomas a la aldea, todo se queda en silencio. Literalmente. Saksun no es un lugar para hacer cosas. Es un lugar para estar.
Con la marea baja es posible bordear la laguna de Pollurin y acercarse hasta la playa de arena negra de Saksun. Un paseo que sólo puede hacerse caminando.
4. Kirkjubøur y la catedral de San Magnus (Isla de Streymoy)

El interior de las ruinas de la catedral de San Magnus, sin tejado alguno.
Kirkjubøur es uno de los lugares con más carga histórica de todas las islas, y aunque hoy en día no pasa mucho aquí (aparte de algunas ovejas que pastan sin prisa y unos cuantos turistas curiosos), lo cierto es que esta aldea fue en su día el centro religioso y cultural de las Feroe. Y es que aquí se encuentran las ruinas de la catedral de San Magnus, que data del siglo XIII y es el edificio medieval más importante del archipiélago. Recomiendo dar una vuelta completa a la catedral para admirar la curiosa inscripción medieval que hay en su parte posterior.

Vista de la casa Roykstovan, hoy en día convertida en museo (aunque algo caro para lo que ofrece).
En Kirkjubøur también encontramos la antigua casa de los Roykstovan, una de las casas de madera habitadas más antiguas de las Islas Feroe (y del mundo, según parece). De madera negra y con su tejado de césped, por lo visto ha estado habitada por la misma familia durante generaciones.
5. Tjørnuvík y su playa con vistas (Isla de Streymoy)

Vista del pueblo de Tjørnuvík, con su famosa playa en primer plano.
Para acceder al pequeño pueblo de Tjørnuvík hay que pasar por una carretera tan estrecha que solo permite el paso en un sentido. Por eso, han instalado un semáforo que regula el tráfico. Es curioso ver algo tan urbano en mitad de un entorno tan salvaje, pero funciona a la perfección y te da una excusa perfecta para detenerte y disfrutar del paisaje. Como todo en las Feroe, el pueblo ha ganado popularidad en los últimos años, así que se ruega respeto máximo. Los locales han colocado señales para proteger su intimidad y su tierra, así que camina con cuidado, no entres en propiedades privadas y deja el sitio igual de bonito que lo encontraste.

La bonita playa de Tjørnuvík. Aunque no dan ganas de bañarse, precisamente.
Pero si por algo es conocido Tjørnuvík es por su playa de arena negra, donde se pueden ver en la distancia las formaciones rocosas de Risin y Kellingin, que se alzan majestuosamente desde el mar. De ellas te hablo con más detalle en el siguiente punto.
6. Risin y Kellingin (Isla de Eysturoy)

Vista con zoom de las formaciones rocosas de Risin og Kellingin.
Frente a la costa norte de Eysturoy se alzan dos imponentes pilares de roca en mitad del mar: Risin og Kellingin, o lo que es lo mismo, el gigante y la bruja. Según la leyenda, vinieron desde Islandia para llevarse las islas Feroe, pero el sol los sorprendió al amanecer y quedaron petrificados para siempre. Más allá del mito, lo cierto es que verlos recortarse contra el horizonte, con sus peculiares siluetas, es una imagen difícil de olvidar.

Vista panorámica de Risin og Kellingin desde el lado opuesto.
Además de la playa de Tjørnuvík, estos dos impresionantes pilares de roca se pueden ver desde varios puntos a lo largo de la costa norte de Eysturoy. Los mejores lugares para admirarlos son desde la carretera que va hacia el pueblo de Eiði, donde tienes vistas directas y claras. Incluso desde ciertas partes de la isla de Kalsoy, como el faro de Kallur, en días despejados, se pueden distinguir en el horizonte. Así que, aunque no quieras hacer grandes caminatas, no te será difícil encontrarlos durante tu ruta por las Islas Feroe.
7. Gjógv y su puerto natural (Isla de Eysturoy)

El precioso puerto natural de Gjógv, de visita obligada.
Gjógv, es uno de los rincones más pintorescos y auténticos de las Islas Feroe, y sin duda uno de mis lugares preferidos durante nuestro viaje. Su nombre significa “garganta”, y no es para menos: el pueblo se asienta justo en torno a una profunda hendidura natural que funciona como puerto natural, protegido y perfecto para las pequeñas embarcaciones locales.

Vista panorámica de Gjógv, con el río y sus casas de colores. Otro lugar de postal.
Además de su belleza visual, Gjógv es un lugar excelente para avistar frailecillos durante la temporada adecuada. El ambiente es tranquilo, y aunque el pueblo es pequeño, cuenta con un par de cafés y alojamientos donde puedes descansar tras una caminata por los alrededores. Hay una ruta de senderismo bastante popular que parte de aquí y recorre la costa, con preciosas vistas de los acantilados.
8. Ver frailecillos en la isla de Mykines

Dos simpáticos frailecillos en uno de los acantilados de la isla de Mykines.
Mykines es la isla más occidental de las Feroe y, a menudo, una de las más inaccesibles. Llegar aquí ya es toda una aventura: necesitas tomar un ferry (que no siempre navega si el mar se pone bravo) o un helicóptero. Pero créeme, el esfuerzo vale la pena. El gran reclamo de Mykines son sus frailecillos. Miles de ellos anidan en los acantilados durante el verano, y verlos tan de cerca es una experiencia que no se olvida.

La mejor época para ver frailecillos en las Islas Feroe es de finales de abril hasta septiembre.
Para llegar hasta Mykines hay que venir preparado: aquí no hay tiendas, ni coches, ni cajeros. Es naturaleza en estado puro, con un pequeño pueblo que parece sacado de una postal, donde unas pocas casas coloridas resisten el paso del tiempo y del viento feroés.
9. Trælanípa y el lago Sørvágsvatn (Isla de Vágar)
El lago Sørvágsvatn es uno de los paisajes más fotografiados de las Islas Feroe, principalmente por su extraño efecto visual, que da la impresión de estar suspendido sobre el océano. Para llegar hasta él, debes hacer una caminata de unos 3,5 km desde el pueblo de Bøur. Desde el mirador de Trælanípa, disfrutarás de vistas panorámicas que te dejarán sin aliento. La zona es ideal para los amantes de la fotografía y la naturaleza.
10. Klaksvík (Isla de Borðoy)

Klaksvík es la segunda ciudad más grande de las Islas Feroe y un punto de partida ideal para explorar la región norte del archipiélago. Además de su puerto pesquero, Klaksvík ofrece una serie de atracciones naturales, como el mirador de Klakkur, desde donde se pueden ver panorámicas de toda la isla. También es una excelente base para explorar otras islas cercanas como Kalsoy y Kunoy.

11. Mirador de Klakkur (Isla de Borðoy)

El mirador de Klakkur, situado en la cima del monte del mismo nombre, ofrece unas vistas impresionantes de la isla de Borðoy y sus alrededores. La caminata hasta la cima es corta, pero empinada, y aunque el terreno puede ser un poco resbaladizo, las vistas desde la cima, que abarcan tanto el océano como las montañas circundantes, hacen que el esfuerzo valga la pena.

12. Cascada Múlafossur (Isla de Vágar)

La cascada de Múlafossur es una de las más conocidas y fotografiadas de las Islas Feroe. Esta majestuosa caída de agua de más de 30 metros de altura se lanza directamente al océano desde un acantilado en el pueblo de Gásadalur. El entorno, rodeado de montañas y el océano en el horizonte, es una vista impresionante que hace que el viaje a este rincón de la isla valga la pena.

13. Recorrer la isla de Kalsoy

La isla de Kalsoy, conocida como la “isla de las 7 aldeas”, es famosa por su belleza salvaje y su geografía única. Se puede explorar a pie o en coche, y tiene varios puntos de interés, como el faro de Kallur, al que se llega tras una caminata empinada pero gratificante, con vistas espectaculares al mar y a las islas cercanas.

14. La ruta hasta el faro de Kallur



15. Excursión en barco hasta Dranganir y Tindholmur


16. El pueblo de Eiði y su curioso estadio de futbol (isla de Eysturoy)
17. El pueblo de Elduvik y su garganta (isla de Eysturoy)
18. El Museo Nacional de las Islas Feroe (isla de Streymoy)

19. Los restos vikingos de Toftanes (isla de Eysturoy)
20. La formación rocosa de Trollkonufingur (isla de Vágar)


21. Isla de Kunoy y su frondoso parque

En un archipiélago donde los árboles son casi una rareza, el parque de Kunoy destaca como un pequeño milagro botánico. Este encantador bosque, aunque modesto, ofrece un paseo diferente entre abetos y álamos, en contraste con el habitual paisaje feroés de prados infinitos y montañas peladas. Perfecto para una pausa tranquila si vienes de rutas exigentes, y además con vistas espectaculares hacia la vecina isla de Kalsoy.

22. El pueblo fantasma de Muli (isla de Kunoy)

Muli fue uno de los asentamientos más aislados del archipiélago, tanto que no tuvo acceso por carretera hasta los años 70. Hoy está deshabitado, pero sus casas siguen en pie como testimonio de una vida dura pero fascinante. Es un lugar con un aire místico, perfecto para los que buscan fotos atmosféricas y silencios que retumban.

23. La isla septentrional de Viðoy, un remanso de paz

Viðoy es una de las islas más tranquilas y menos visitadas. Aquí encontrarás el acantilado de Enniberg, uno de los más altos de Europa, con sus más de 750 metros cayendo a plomo sobre el mar. También hay rutas de senderismo con vistas imponentes y, con un poco de suerte, verás alguna foca tomando el sol en las rocas. Ideal para quienes quieren sentirse realmente al fin del mundo.

24. Las remotas islas de Fugloy y Svínoy

Estas dos islas, en el extremo noreste del archipiélago, son el epítome de lo remoto. Fugloy (la isla de los pájaros) y Svínoy (la isla de los cerdos) apenas tienen habitantes permanentes y se llega a ellas en ferry o helicóptero. Aquí manda la naturaleza: acantilados que cortan el aliento, aves marinas por todas partes y una sensación de aislamiento que resulta casi terapéutica.

25. El pueblo de Kvívík y sus ruinas vikingas (isla de Streymoy)

Kvívík es un pueblito encantador con una gran sorpresa histórica: aquí se han encontrado restos de viviendas vikingas que datan del siglo X. Están justo al lado de la carretera y se pueden visitar libremente. Además, el río que cruza el pueblo forma una preciosa cascada que desemboca en el mar. Ideal para hacer una parada y viajar mil años atrás sin moverte del coche.

26. La cascada de Tyggjara (isla de Streymoy)

Esta cascada es menos conocida, pero ideal para un picnic tranquilo o una parada contemplativa. Rodeada de verdes colinas y con un ambiente sereno, Tyggjara invita a dejar el móvil a un lado y simplemente disfrutar del sonido del agua. No suele haber mucha gente, así que es perfecta si necesitas un respiro.

27. Las iglesias de madera de las Islas Feroe

Repartidas por todo el archipiélago, las iglesias de madera son pequeñas joyas arquitectónicas. Destacan la iglesia de Saksun, con su tejado cubierto de hierba, y la de Funningur, de color negro con detalles blancos y vistas al fiordo. También la iglesia de Viðareiði, en el extremo norte. Cada una parece sacada de un cuento nórdico.

Funningur, uno de los pueblos más antiguos de las Islas Feroe, es conocido por su iglesia, que data de 1847. La iglesia está situada en un entorno idílico, rodeada de montañas y prados, y es un excelente lugar para disfrutar de la tranquilidad feroesa. Si visitas Funningur, también puedes aprovechar para hacer una caminata por los senderos cercanos que ofrecen vistas espectaculares de la isla y el océano.
28. Disfrutar de la fauna de las Islas Feroe

Además de los famosos frailecillos, las Islas Feroe están llenas de vida salvaje. Verás ovejas en cada esquina (literalmente), vacas peludas pastando como si nada y aves marinas de todas las formas y colores. También puedes encontrar gansos, charranes y algún que otro zorro ártico despistado. Llévate prismáticos, porque aquí la fauna no se esconde.

29. Slættaratindur, la montaña más alta de las Islas Feroe
Con 880 metros, Slættaratindur es el techo de las Feroe. Subir hasta la cima no es especialmente difícil, aunque el tramo final puede ser empinado y resbaladizo si ha llovido. En un día despejado (sí, existen), las vistas desde arriba son de las que se graban en la retina para siempre: fiordos, islas, mar y cielo en 360º.
30. Y si te sobra tiempo… visitar las islas del sur
Suðuroy y Sandoy son las grandes olvidadas por muchos viajeros, pero merecen una visita. En Suðuroy encontrarás acantilados vertiginosos como Beinisvørð y pueblos encantadores como Tvøroyri. En Sandoy, el ritmo es aún más pausado y hay bonitos senderos y restos arqueológicos. Si tienes más de una semana, no lo dudes.
Últimos consejos antes de viajar a las Islas Feroe
Clima caprichoso: el sol, la niebla y la lluvia pueden jugar al escondite en cuestión de minutos. Viste por capas y no te separes del impermeable.
Alquilar coche: imprescindible para explorar a tu aire. Las carreteras están bien cuidadas y hay túneles por doquier (algunos subterráneos bajo el mar, ¡como en una peli de espías!).
Conectividad: no hay roaming gratuito. Lo mejor es comprar una eSIM o SIM local nada más llegar.
Respetar la naturaleza: muchas rutas atraviesan propiedades privadas. Sigue las normas, cierra las vallas y no te salgas del camino.
¿Listo para perderte entre ovejas, fiordos y niebla mágica? Las Islas Feroe te esperan con los brazos abiertos… y probablemente con algo de lluvia también.












